El violín sonó toda la noche, el no quiso dormir solo para comprender la belleza
de aquel acorde perfecto que nacía de las manos de ese pobre ciego, pero sin mas el poder del cansancio fue mas, lo abatió y cayo dormido.
En sus sueños no pudo ver mas que ese violín, el mágico movimiento de esas manos que parecían celestiales
una paz interna se apodero de el, lo hizo olvidar todo, lo humanizo
quiso quedarse por siempre escuchando las creaciones de aquel viejo ciego pero se despertó
vio lagrimas recorrer sus mejillas y no recordó nada de aquel sueño
Se obsesiono tanto que olvido todo... ni siquiera su amada lo hizo entrar en cordura y lo abandono
Perdió su fortuna con descubrir el secreto de tan bella melodía, el secreto de aquel violín...
todos los días se presentaba en la misma calle para escuchar a aquel vagabundo ciego
Todos los días se sentía mas perdido, mas hundido, la soledad lo comenzó a atormentar y sus delirios lo comenzaron a engañar...
Lo mato, tomo el violín de sus frías manos y huyo del lugar sin mirar hacia atrás, sin siquiera dedicarle un ultimo aplauso a aquel ciego que tantas tardes lo maravillo....
Toco el violín, entono miles de acordes, canciones, todo lo que se le ocurrió pero no sonó igual
no lo comprendió, enloqueció, arrojo el violín y destruyo todo a su alrededor...
Enfureció, no supo que paso, y sin mas cayo al suelo...
Al despertar camino y tropezó, no veía nada, se sentía mal, veía borroso, comprendió lo que pasaba y antes de perder contacto con la hermosura de Gaia tomo el violín y salio de ahí...
Se maldijo a si mismo, lo perdió todo por descubrir tan hermosa melodía pero por mas que lo intento jamas igualo la tonada perfecta que aquel vagabundo viejo y ciego le daba...
Lloro su desdicha, maldijo a todo aquel que se atravesara en su memoria, solo le quedaba ese violín...
En las calles se gano la vida tocando ese violín y así pasaron los años, logro conseguir la paz interna
no necesitaba nada mas, solo comer dormir y su violín...
todos los días se colocaba en la misma calle para maravillar al mundo con las melodías que nacían de su alma, todos los días llegaba el mismo señor ha escuchar tan agradables piezas que lo maravillaban, todos los días...


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